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Por qué he hecho miBoticario: la libreta de encargos que lo empezó todo.

Cómo los encargos y las recetas pendientes de una farmacia real acabaron en una app, qué costó al principio y qué he aprendido desde el mostrador.

Miguel RisueñoFarmacéutico y fundador de miBoticario
Nº001 Farmacia piloto

Me llamo Miguel Risueño y soy farmacéutico. miBoticario no salió de una sala de reuniones: salió de una libreta de tapas blandas que vivía junto a la caja de una farmacia.

Es una farmacia de barrio que conozco desde dentro: tres personas en dos turnos y muchos pacientes crónicos. Este artículo cuenta por qué decidí cambiar esa libreta por una app, qué costó al principio y qué he aprendido por el camino. Si llevas una farmacia, es probable que te suene casi todo.

La libreta

En la libreta apuntábamos dos cosas muy distintas. Por un lado, los encargos: el champú que no teníamos, las medias de compresión de una talla concreta, la crema que alguien vio en la tele. Por otro, las recetas pendientes: la medicación que le dábamos a un paciente crónico porque su receta electrónica todavía no se podía dispensar.

Cada uno apuntaba a su manera. Unos ponían el teléfono, otros solo el nombre. Algunos tachaban lo que llegaba y otros lo rodeaban con un círculo. Y había pósits pegados en la pantalla del ordenador para lo urgente. En un día normal entraban unos 9 encargos y unas 5 recetas pendientes: al mes, más de 200 encargos y más de 100 recetas pendientes, todo en papel.

Funcionaba, más o menos, hasta que fallaba. Y fallaba siempre por los mismos sitios:

  • Un encargo se apuntaba, pero nadie lo pedía, porque quien lo apuntó salía de turno.
  • Llegaba el pedido, se guardaba en un cajón y nadie avisaba al cliente.
  • El cliente llamaba para preguntar y nadie sabía si había llegado ni dónde estaba.
  • Una receta pendiente se quedaba en la libreta durante semanas, la receta salía y nadie la dispensaba.

Y lo peor es que esos fallos no se ven: nadie apunta en la libreta «este encargo no lo pedimos».

Lo que busqué y no encontré

Busqué una herramienta pensada para esto: algo que llevara a la vez los encargos y las recetas pendientes, que viera todo el equipo y que avisara al cliente sin tener que llamar. Encontré hojas de cálculo, aplicaciones genéricas de tareas y programas para tiendas. Ninguno entendía qué es una receta pendiente ni qué es una TSI.

Cómo lo construí

Así que lo diseñé yo, desde el mostrador y con el equipo de la farmacia. Me puse unas reglas que siguen siendo las mismas:

  • Apuntar tiene que costar segundos. Si es más lento que la libreta, nadie lo usa en hora punta.
  • Nada de cambiar de programa. miBoticario se abre en el navegador, al lado del programa de gestión de siempre, sin instalar nada.
  • Cada cosa con su estado y su color. Un encargo está por pedir, pedido, recibido o entregado. Una receta pendiente puede estar sin hacer por el médico, con fecha o ya disponible.
  • El aviso, ya escrito. Se abre el WhatsApp del cliente con el mensaje que toca y solo hay que enviarlo.
  • Nada se borra. Los encargos se cancelan y las recetas pendientes se anulan, siempre con motivo, y queda apuntado quién hizo cada cosa.

El primer mes

Desde mayo de 2026 esa farmacia trabaja con miBoticario todos los días. El primer día pasamos la libreta a la app y apareció lo que nadie esperaba: 22 recetas pendientes antiguas que seguían abiertas, unos 484 € a precio de venta. 11 ya se podían dispensar; solo faltaba hacerlo en la siguiente visita del paciente.

Lo que se olvida no deja rastro. Por eso parece que no pasa.

En mayo se apuntaron 216 encargos, y el aviso al cliente pasó a salir el mismo día que llegaba el pedido, cuando antes tardaba uno o dos días. Contando solo lo que se puede atribuir a la app, el primer mes dejó entre 472 y 570 € que antes se escapaban, 308 € de ellos en recetas pendientes antiguas, y unas 17 horas de mostrador. Las cuentas completas, con cómo se han hecho, están en el caso real.

Lo que costó al principio

No todo fue fácil, y creo que es justo contarlo:

  • El doble registro. miBoticario funciona al lado del programa de gestión, no dentro. Eso significa apuntar el producto en el pedido por un lado y el encargo por otro. Ayuda tener abierta la lista del pedido de miBoticario al hacer el pedido, porque ahí está todo lo que falta por pedir ese día.
  • La costumbre. Dejar la libreta cuesta. La regla que funciona es sencilla: si no está en la app, no existe.

Esa es la ventaja de construir algo dentro de una farmacia real: los problemas aparecen el mismo día, en el mostrador, y se arreglan ahí.

Lo que he aprendido

Después de estos meses, me quedo con tres ideas:

  1. El dinero está en las recetas pendientes. Ordenar los encargos se agradece, pero una receta pendiente sin recuperar es dinero que ya ha salido de la farmacia. Es lo primero que mira un titular.
  2. Lo que no avisa solo, se olvida. Una lista que hay que acordarse de revisar acaba siendo otra libreta. Los avisos de «lleva tres días sin recoger» son los que de verdad cambian el día a día.
  3. El equipo manda. Si el técnico de la tarde no lo entiende en dos minutos, no sirve. Cada cambio se prueba primero en el mostrador.

Y ahora, tu farmacia

miBoticario ya funciona en más farmacias además de la farmacia piloto, y cada una me enseña algo nuevo. Si en la tuya los encargos y las recetas pendientes siguen en una libreta, me encantaría enseñártelo con tus propios casos.

Miguel Risueño Farmacéutico. Ha diseñado miBoticario desde el mostrador de una farmacia, donde funciona desde mayo de 2026. Conoce a quién está detrás

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